“Transitemos”

Diseño en “La azotea” (Trías, 2018) — Donna Salama / Editoral Tránsito ©

 


Madrid es un refugio. Alzar la vista, descubrir fachadas a las que solo concedemos el privilegio de existir. Observar. A la gente y a sus instintos. Desayuné en Malasaña, y desemboqué en Gran Vía. Pawlikowski me esperaba en la Sala 1 de los Renoir, el sol quemaba, Plaza España estaba llena. Llena de besos silenciando el murmullo. Llena de césped acolchado, y libros. Como el relato encuadernado en amarillo que alguien sostenía en sus manos. No pude leer el título pero sí ver una pequeña imagen oscura que resaltaba en el minimalismo de la portada.  

Cuando empecé a leer La Azotea, de Fernanda Trías, tuve la sensación de poner los muebles en el salón del piso al que te acabas de mudar. Tener el primer libro de una nueva editorial en tus manos es una sensación plausible, y en el caso de Tránsito: emocionante. En su carta de presentación su editora, Sol Salama, nos evocaba a transitar. Un deseo que se convirtió en el de todxs lxs que creemos en esa filosofía. Relatos salvajes y en primera persona. Relatos de autoras. Relatos de hoy, de ayer y de antes. Porque su literatura, aseguraban, “no tiene fecha ni lugar de nacimiento”. Pero no es justo hablar en pasado, y menos en condicional.

Cuando vi esa portada amarilla — sin poder leer el título — supe que se trataba de La Azotea. ¿En serio estás sonriendo porque alguien está leyendo ese libro? Las jodidas voces interiores que no paran y que hoy me llevan a escribir esto. Sí, me estaba ilusionando al ver que leían la novela de Fernanda Trías porque Tránsito tiene como base una filosofía sinérgica brutal. Porque a mí, como lector, me hacen partícipe del proyecto (más allá de la lógica de mercado autora –  editorial – lector). Y lo hacen ya, y sencillamente, a través de su filosofía inicial, con la reciprocidad en redes, y evidentemente — y sobretodo — con un impecable trabajo editorial hoy evidenciado con tres títulos publicados, efectivamente salvajes, y de una calidad narrativa majestuosamente íntima.


Donna Salama — Editoral Tránsito ©

Aun sin haber leído Primera Persona, de Margarita García, la sinergia no solo la encontramos entre la editorial y sus lectorxs sino también entre sus obras. Y es que entre La Azotea y La memoria del aire conviven unos párrafos claustrofóbicos y una narrativa sísmica. Quiero que me duela, quiero leer a Caroline Lamarche y que me acuchille el esófago con esa narración tan violentamente pausada, abrumadoramente cruda. Que lo sencillo no es peor, y lo simple tampoco. Y leo el relato de Lamarche desde la azotea de Trías, y pienso que las voces narrativas quizá se hubieran salvado entre ellas, muchas veces, durante sus vidas. O quizá no, quizá se hubieran mezclado los grises, sin luz, fundiéndose en negro, en una oscuridad, esta vez compartida. Que las dos están “llenas de cosas muertas”(*).

Nos alejamos conscientemente de nuestro dolor, sobretodo del contemporáneo. Establecer diálogos con las heridas es herirse aún más. Y no nos gusta. ¿Por qué tenemos que disimular el dolor? ¿No es tan vital como lo que se nos ha vendido como felicidad? Hagámonos daño, pensemos en ello. Que leer signifique abrirse en canal ante una narración convertida en espejo es algo subrayable y de las mayores virtudes del camino intimista que se está abriendo Tránsito. El dolor nos une, en su nacimiento no hay construcciones sociales, hay válvulas que bombean agua , una hemorragia acuosa llena de agujas.

Tránsito combate tabúes. Combate la estigmatización del dolor. Arroja luz sobre autoras en la sombra, y sobre aquellas que estando ya bajo focos nunca habían hablado en español. Autoras valientes. Valientes, sí. Valientes y con un pulso constante entre lo desgarrador y lo íntimo. El umbral entre lo dantesco y aquello tan frágil que puede romperse. Que a veces tienes la sensación que la tipografía va a engullirse en medio de un diseño, de Donna Salama, tan cuidado como las letras que envuelve.

Que todo tiene un sentido, y es especial. Que compras un libro y te llevas a casa el color de la portada, la tipografía, la imagen bajo el nombre de la autora, la textura de las páginas, la cita de Dickinson o Lispector, y páginas llenas de púas y cielos. Que lo de Tránsito es necesario, y también alentador. Queremos seguir transitando mucho, mucho más tiempo e igual de bien que ahora. “Transitemos”.

 


(*) "Solo van a encontrar un ropero con los trapos viejos de Julia, unos muebles sin valor, y a mí, que estoy igual que esta casa: llena de cosas muertas".
La Azotea (Trías, 2018)
Aleix. Costa
Escribo. Periodista cultural. Feminista.

Leave a Comment