“No tiene ni puta idea de que la huérfana de hija soy yo”

“Roedores | Cuerpo de…” (Paula Bonet, 2018) Ed.: Lit. Random House

Dudo al pensar si tengo la fuerza suficiente y la lucidez necesaria para escribir alguna cosa coherente sobre lo que acabo de leer. Aun así soy de los que creo que lo de escribir debe de  situarse entre el vómito emocional y la racionalidad formal de la literatura. Por lo que estoy escribiendo estas palabras con una nube inmensa en mi cabeza. Me cuesta procesar lo que acabo de ver porque la hipérbole es tan humana que me ha sobrepasado a ratos, y acuchillado a tiempo completo.

Roedores | Cuerpo de embarazada sin embrión, es lo que Paula Bonet ha gritado sobre papel y dividido en dos. Los ratoncillos invaden un cuento ilustrado con un concepto salvajemente dulce de lo que es la vida. Un cuento dibujado para su hija, la misma para la que había comprado cuentos infantiles durante sus viajes. Para guardarlos “en el mueble de caoba que compré hace unos meses”. La misma por la que había pausado su trabajo durante el periodo más crucial de gestación.

“No tiene ni puta idea de que la huérfana de hija soy yo”. Paula tuvo dos abortos espontáneos, y nos lo cuenta a hachazos, sin filtros, en crudo pero con la reflexión suficiente como para configurar una publicación inconmensurable, principalmente, por una razón: dar voz y crear un relato en primera persona (tal y como ya hizo en el artículo publicado este mismo año) reivindicando que sí, el aborto existe y debe sacarse de la caja de los tabúes.

En este caso la caja se dinamita relatando, de una forma tan humana como naturalista, un diario de los dos abortos. Un relato de ese cuerpo de embarazada sin embrión. “Tuvieron que sacármela”. Paula Bonet ya hace tiempo que desgarra con cada mensaje que quiere lanzar. Pasado del preciosismo a las púas de acero hace de las sombras un lugar donde poder encontrar una voz propia para ilustrar un discurso que se ha convertido en la causa de su arte. Lejos del pintar para gustar. El 813 marcó un desequilibrio en los objetivos para quedarse en el pintar para hablar, pintar para debatir, pintar para estimular, pintar como forma de comunicarse y abofetear conciencias.

Una de las partes de “Roedores”, cuento desplegable.

Arrojar luz sobre aquello que no se ve, iluminar lo que está oscuro porque nos han tapado los ojos. Está claro que a nivel social el diario que se nos presenta es esencial, pero nunca sin perder la esencia artesanal que Bonet cuida, tanto, tanto, siempre. La edición por parte de Literatura Random House es una maravilla pero lo verdaderamente bello ocurre cuando lees a una mujer mutilada psicológicamente mientras te cuenta, a ti, en la cara, mirándote a los ojos y sin pudor, que se le acaba de parar el corazón a la hija que crecía en su interior cuando contaba los días para que le crecieran las orejas.

Hacer bello esto, humanizarlo, es tan real en este libro, como paradójico y (perdonad la vulgaridad) jodídamente difícil, complicado y titánico. Despojarse así, aceptar que las situaciones te superan, borrar el modelo de superwoman impuesto y construir el de M U J E R, en mayúsculas, negrita y subrayado, es algo que creo que no es solamente importante dentro de este libro, sino dentro del panorama cultural y, en consecuencia, de la sociedad de hoy y de las que están por venir.

Paula Bonet ha creado una mirada única, ya no solo a través de sus dibujos, sino a través de sus palabras dando potencia a un relato que, desde la publicación de La Sed, se intuía sísmico. Porque con Teresa empezaron los terremotos pero con estos Roedores no solo se está potenciando el concepto creativo de la autora sino que se evidencia la importancia de una voz aferradamente contundente, que desgarra sin dilación. Con Roedores se esboza una Paula Bonet feroz que hace que las siete obras de arte encuadernadas en las librerías, que preceden esta última publicación, parezcan el preludio de algo que, tan solo, acaba de empezar.

“Roedores | Cuerpo de…” (Paula Bonet, 2018) Ed.: Lit. Random House
Aleix. Costa
Periodista. Relato. Guionitzo. Comunico. Les pauses i els silencis donen sentit a les paraules.

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