Luz a lo verdaderamente humano

Luz a lo verdaderamente humano

 

Llegas a casa cansada después de un día en el que la rutina te vuelve a superar. Demasiado calor en la calle, demasiado frío en la oficina. Demasiada cola en el súper y muchísimo ruido en el metro. Necesitas silencio, calma, poder respirar y reponer los compases vitales para, sencillamente, poder emprender un nuevo día que sabes que será igual de frenético que hoy. Lavas los pocos platos que se quedaron fuera del lavavajillas, te sientas en el sofá, lees un libro y a las dos páginas te duermes. Te metes en la cama, apagas la luz y abres el faro.

Hablar, escuchar. Dicen que la radio tiene ese gran don de la proximidad pero estamos hablando de algo radicalmente distinto. La empatía que se desprende cada madrugada desde los estudios de la Cadena Ser en Madrid es mágico y lo suficientemente inédito como para ser aplaudido y subrayado. Lo que han creado Mara Torres y su equipo hasta las cuatro de la madrugada es algo brillante.

Nos meten en la cabeza (sobretodo en la universidad) que el locutor tiene que hablar rápido, bombardearnos con información demasiadas veces innecesaria. Abrimos la tele y la presentadora es pequeña en medio de cuatro chyrons que le rodean el rostro y dos mini-ventanas en directo que hace media hora que están aunque ya no hablan. Está claro que el sello de Mara (y perdón por el tuteo tan espontáneo) es un regalo hacia los oyentes y también hacia una profesión que está, de pleno, en las garras de la sobrecomunicación. Pone en valor lo que realmente debe de ser el periodismo: comunicar.

Los silencios son indispensables para dar el valor adecuado a las palabras, y en radio todavía más. La complicidad entre oyente y programa son la base de un Faro que cada noche proyecta un tema al que iluminar durante horas, junto a oyentes y expertos. La fórmula es impecable, y la metáfora farera no podía ser más adecuada.

Porque la radio acompaña a las personas que estás solas, y evade a las que están rodeadas de demasiada gente. Porque el Faro no solo se enciende por la noche, también puede encenderse durante el día, y es maravilloso darse cuenta que en medio del barullo de la gente, escuchar un trocito de programa baja las revoluciones y te inyecta una dosis de humanidad más que necesaria hoy en día.

El mensaje es claro: vamos a compartir un ratito hablando de algo aparentemente superfluo. Y se tiene que subrayar lo de aparentemente porque el valor narrativo del programa es muy bestia. Con tan solo un concepto se desarrollarán dos horas y media de radio y aquí es donde vamos a encontrar la verdadera luz, porque se revierte la conceptualización de la vida en términos gigantes, porque lo frívolo será potenciado y el trance nos llevará a darnos cuenta que lo que compone nuestro día a día no es el imbécil de tu jefe, el que te pita cuando el semáforo está en ámbar o la que sube en el metro antes de dejarte bajar a ti.

Lo que importa son el mar, los desayunos, tus viajes en tren, tu habitación, los pies, tu relación con la muerte, los sueños, tu nariz. Y esto es sumamente importante, porque este es el periodismo que hay que potenciar y estas son las conversaciones que deberíamos de conservar, hablar de lo banal nos arraiga los pies en la tierra y llena de humanidad lo que el sistema ha querido manchar y programar.

Es reconfortante escuchar que alguien se va nervioso a dormir pensando en los cereales que se comerá por la mañana, que alguien reconozca el modelo exacto de un tren a través del audio de otro oyente porque el primero trabaja como conductor en el metro de Madrid. Oír que una mujer va a traer galletas al equipo del programa porque le acompañan durante las noches, y saber que otras tantas personas, como tú, recuperan todos los programas a través del podcast.

A veces se nos olvida la razón de ser, y el porqué de todo un poco. Porque como decía aquella canción la humanidad es “la frágil existencia milagrosa y casual / La vida más pequeña vale mil veces más que la nación más grande que se invente jamás“. Y El Faro nos lo recuerda cada noche.

 

Aleix. Costa
Escribo. Periodista cultural. Feminista.
1 Comment
  1. Benvolgut Aleix,
    He arribat de casualitat al teu blog. Ho celebro, perquè m’ha agradat el que hi he trobat. Com aquesta entrada, que denota bon gust per a la ràdio. Però no puc estar-me de dir-te que la frase “Nos meten en la cabeza (sobretodo en la universidad) que el locutor tiene que hablar rápido, bombardearnos con información demasiadas veces innecesaria” em sembla una generalització injusta. Fa molts anys que faig docència de ràdio, després d’anys de ràdio, i que toco moltes tecles en aquesta docència, des dels que es posen per primera vegada davant d’un micro fins als que fan reportatges en produnditat, passant per exemple per la ficció sonora, a la qual dedico molt. No crec que mai hagi transmès aquesta idea que esmentes.
    Calia deixar-ho per escrit, per si et fa rumiar-hi. Una abraçada i molts ànims en el camí.
    Toni Sellas.

Leave a Comment