Gritando, pero a su lado

Gritando, pero a su lado

Hace demasiados días que tengo ganas de hablar de ello pero necesitaba la reflexión necesaria para saber cómo encarar el tema y el paradigma de lo que quiero exponer. Todo parte de una premisa simple y real: soy un hombre, hablo de feminismo, lo defiendo y soy feminista. En un principio no debería de surgir ningún problema pero creo que todo es brutalmente subjetivo así que la reflexión es totalmente personal, posiblemente errónea, sujeta, por supuesto, a todas las opiniones habidas y por haber.

La verdad es que no recuerdo el momento en el que reflexioné y llegué a la conclusión que todo lo que me rodeaba estaba proyectado por y para las miradas masculinas. Quizá he tenido la surte de crecer en una familia donde el machismo brillaba por su ausencia, donde las tareas las hacíamos entre todos y nadie ayudaba a nadie porque todo era responsabilidad de todos, mía, de mi madre y de mi padre. Ahora siento que esa realidad pudo afectarme y retardar mi consciencia de que vivíamos, y vivimos, en un mundo patriarcalmente machista. Sales de la burbuja y te pegas la hostia.

Hacía tiempo que algunas amigas comentaban situaciones en sus relaciones que cada día me parecían más atroces. En simple “no puedo venir porque no quiere”, o “es que si no se va a enfadar” al principio pasaban desapercibidos pero llega un momento que te das cuenta que lo normal, no lo es, y que tiene que haber algún nombre que describa todo aquello más allá del buenotranquilaesonospasaatodas. Y aún hacía más tiempo, desde siempre básicamente, que los amigos comentaban y puntuaban el culo de las chicas de la clase, alardeaban de haber espiado en los vestuarios, hacían rankings de los que se habían follado a más chicas y, básicamente, procreaban con la idea del machismo haciendo bandera de una visión política y social de la humanidad sostenida tan solo por un sistema patriarcal que estaba gestando sus cadetes generacionales.

Descubrí que el feminismo era la aspirina a todo esto, y más tarde pasó de ser una aspirina a una forma de ver la realidad y combatirla. Una lucha y filosofía de vida que decides, conscientemente, que sea la tuya. Al fin y al cabo un día, alguien, te abre los ojos y empatizas, te pones a su lado y luchas. Y subrayo lo de te pones a su lado porque es el motivo principal por el que estoy escribiendo esto.


“Es necesario, de vez en cuando, puntualizar ciertas acciones individuales frente a un mundo feroz que, a la mínima, te cuestiona el discurso.”


Días atrás escribía en Twitter que, a menudo, me siento entre mal y potencialmente hipócrita frente al escaparate. Al fin y al cabo no escribo esto para la gente que me conoce y con la que vamos a tomar un café cada vez que nos es posible. Pero vivimos en un mundo lleno de escaparates y las redes son el más grande y peligroso de ellos. Y es allí donde a veces siento que puede haber interpretaciones que piensen que yo (no como persona individual sino) como hombre y como construcción social que el concepto de hombre lleva implícita, más allá de defender el feminismo y sentirme feminista quiera apropiarme de ello, y aquí llega el punto de bloqueo. 

Creo que el deber de los niños, chicos, hombres, es defender un feminismo al lado de las mujeres, gritando con ellas, luchando con ellas y haciendo una revolución que deberíamos gritarla todxs, sin nunca perder la esencia y consciencia de que esta revolución es de ellas, la han forjado ellas y nuestro papel, insisto, debería de ser estar ahí, activos apoyando su texto porque al fin y al cabo también repercute positivamente sobre nosotros, aunque esto signifique una autocrítica igual de necesaria que perturbadora, en algunos casos. En el momento en el que nos creemos que las letras de la #RevoluciónFeminista son nuestras, como sujetos masculinos, nos arrodillamos ante el patriarcado que nos quema. Y nos quemamos.

Cada opinión, cada manifestación, cada 280 caracteres, cada vez que alzo la voz, lo hago sin apropiaciones del discurso, tan solo con el objetivo que la lucha llegue a más gente, tan solo con el objetivo de alzar la voz ante la desigualdad y el machismo que nos arrolla día a día, tal y como me han enseñado mujeres como Leticia Dolera, Paula Bonet, Judith Antequera, Isabel Coixet, Henar Álvarez, Barbara Lennie, Ana Palomo, Maria Parra, Irene Escolar, Paula Ortiz, Elena Martín, Bruna Cusí, Elisenda Alamany, Clara Serra o Esther López entre muchas otras.

Quizá es un artículo indiferente pero creo que es necesario, de vez en cuando, puntualizar ciertas acciones individuales frente a un mundo feroz que, a la mínima, te cuestiona el discurso.

Aleix. Costa
Periodista. Relato. Guionitzo. Comunico. Les pauses i els silencis donen sentit a les paraules.

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